Nueva York aprueba el matrimonio entre homosexuales.
Es el sexto Estado, y el más poblado, que permite las uniones entre personas del mismo sexo. La ley, que entrará en vigor en 30 días, salió adelante gracias al voto favorable de cuatro senadores republicanos.
Poquito a poquito, la sociedad avanza en políticas sociales... Aplaudo a aquellos senadores republicanos que han puesto la igualdad de trato por delante de su partido. Y me quedo con las palabras de Mark Grisanti (uno de los cuatro): no puedo negar a una persona, a un ser humano, a un trabajador, a toda la gente que hace de Nueva York un gran Estado los mismos derechos que yo disfruto con mi mujer.
Una nueva historia que no deja indiferente a nadie. Si hace pocos meses relataba la valerosa acción de un can que retiraba de una autopista de Chile a otro perro agonizante que había sido atropellado, la historia que traigo hoy no es menos espectacular. Los agentes de policía de Nueva York se han encontrado hoy en una autopista a un perro que ladraba a los coches en medio de la calzada para evitar que pasaran por encima de otro perro que había sido atropellado.
El can había sido arrollado por un coche y había quedado en medio de la carretera vivo y consciente, pero con una pata rota.
El perro no ha dudado en organizar un verdadero caos circulatorio para salvar al can herido. Tanto era su celo, que no dejaba que nadie se acercara a ellos.
Los policías intentaron en un primer momento recoger al animal malherido, pero el otro can no se lo permitía, por lo que tuvieron que armarse con un lazo para acceder a él. Lo introdujeron en el coche y le llevaron al hospital (donde ahora se recupera de su pata rota). Lo más asombroso es que el otro perro corrió detrás del coche de policía hasta llegar al centro médico canino.
Poco después se descubrió que el animal herido es la mamá del valeroso perro. Ahora los dos se han reencontrado y, afortunadamente, podemos decir que esta historia tiene un final feliz.
Como dije en su día, a veces me pregunto por qué a los humanos nos falta muchas veces este instinto “animal” que es más humano que la mayoría de nuestras acciones. Cuando utilizamos la expresión “perro” para referirnos aquellos humanos perezosos y vagos, muchos deberían contestar: No me llaméis perro, no merezco tan alto calificativo. No soy tan fiel, ni tan leal. Soy un simple ser humano.